Deportistas

Apasionada por el Ironman y por los desafíos que va conquistando, así es María José Martínez Maroto. Esta triatleta valenciana no para y ¡vaya si se le da bien! Ha obtenido el pasaporte directo al Campeonato del Mundo Ironman 70.3 en Tenessee, gracias a su fantástico resultado en el Ironman 70.3 de Liuzhou (China), donde acabó tercera en su categoría.

Mientras esperamos ese gran día, Mª José Martínez irá disputando pruebas de media y larga distancia en las que buscará conseguir unos buenos resultados.

Este buen momento, aún tiene mayor valor cuando hoy comparte con nosotros los sacrificios que tiene que sufrir y cómo es la experiencia de viajar a la otra punta del planeta para competir en una de las pruebas de triatlón más duras: el Ironman 70.3 de Liuzhou (China).

 

 

Maria-moroto-IronmanEn estos tres últimos años he estado compitiendo en Atlantic City, Florida, Abu Dhabi, Miami, Australia, Vichy, Lanzarote, Barcelona, Puerto Rico… Seguiré recorriendo todo el mundo para realizar Ironman y Ironman 70.3. Así lo decreté cuando crucé la meta de mi primer triatlón, en Abu Dhabi hace un par de años.

Este 2017 va bien encaminado en ese sentido. Sumé como objetivo obtener nuevamente la clasificación para el Mundial Ironman 70.3 , y así ¡lo hice! Quedé en tercera plaza en mi grupo de edad y con la clasificación en mis manos. Fue una carrera muy agridulce. ¡Disfruté muchísimo!

Días previos al Ironman

Los preparativos precompetición son muy estresantes. Una semana antes debes tener preparado y empaquetado todo lo que llevarás a competición: biciclieta, ropa, suplementos… y también debes tener claro cómo enviar tu bici. Luego toca coger diversos aviones para llegar a destino, lo que significa más ansiedad. Es una logística dura, complicada y pesada.

En el viaje del Ironman 70.3 de Liuzhou, por ejemplo, tuve que llevar ¡tres! maletas: una pequeña de mano y dos grandes (una para la ropa y la otra era la maleta de la bici). Son muchas maletas si viajas sola y peor aún si debes hacer escalas y facturar de nuevo el equipaje, lo que me pasó en la escala de Shanghai. Tuve que sacar el equipaje, todas las maletas fuera y volverlas a facturar.

A este inconveniente hmaria moroto ironmanay que sumarle la posibilidad de pérdida y daños del equipaje. Es por eso que en cada vuelo estoy pendiente de que mis maletas vayan en bodega. Luego, al retirarlas en el aeropuerto, compruebo que estén en perfectas condiciones, es más la maleta de la bici la abro siempre en ese momento.

Pero aquí no acaba todo el trasiego precompetición. Si viajas con otra persona toca coger dos taxis en el aeropuerto destino porque no caben todas las maletas.

Todo esta logística es sin duda un gran esfuerzo que no termina hasta que llegas al hotel. Como digo: “ya he hecho un Ironman antes de llegar a destino”.

El gran día

maria moroto ironman

Comencé muy bien con la natación. Fue mi mi mejor tiempo y lo disfruté muchísimo. La salida no la hicieron por sexo y grupo de edad, sino por “cajones de salida” según tiempo estimado de natación, así me coloqué en el cajón de nadar en 25-30 minutos. Salí del agua en tercera posición.

La transición de natación a la bici fue durísima. Fueron unas eternas escaleras de 100 escalones, a las que subí con neopreno y mojada, con cuidado para no resbalar y caer; se me hizo ¡larga!

Luego vino la sección de la bici. Fue muy buena, un recorrido precioso con cuatro pendientes en un circuito de dos vueltas, con viento incluido. Hubo también muchísima gente animando en los tramos y una seguridad exquisita. En cada farola había un policía con avituallamientos muy bien provistos y muchísimos voluntarios. Finalmente, acabé la bici manteniendo mi tercera posición.

Ahora bien, la transición de la bici a la carrera a pie fue rápida pero agónica; ¡la peor de mi vida! Días previos a la competición tuve una mala caída por unas escaleras de hierro golpeándome el coxis y los peronés, por lo que ya sabía que la carrera iba a hacerla con mucho dolor. A ello le tuve que sumar calambres en ambas piernas, flato desde el comienzo, y la pérdida de las pastillas de sal para paliar los calambres . En fin, hacer los 21 km en esas condiciones fue ¡horroroso!

Últimos minutos

Mi cabeza de vez en cuando quiso hacerme una mala pasada con pensamientos negativos. Tuve que controlarlos constantemente y motivarme para ser capaz de mover las piernas cuando las llevaba con calambres y a la vez dormidas. Recuerdo que se me saltaban las lágrimas corriendo, mi cuerpo me pedía parar y tirarme al suelo y dejar de mover las piernas. Se me hizo eterna la media maratón.

Finalmente entré por el pasillo que llevaba a la meta y allí me dieron un enorme ramo de flores, más la bandera de España que siempre me acompaña a todas las competiciones. ¡Crucé la meta!

Estaba feliz de llegar y más cuando escuché “Has quedado tercera, ENHORABUENA”. Fue en ese instante que el dolor se apoderó totalmente de mí, a tal punto que tuvieron que asistirme en el suelo. Lloré como nunca, de dolor, de felicidad. La verdad es que sentí muchos calambres y éstos no me dejaron mover durante un tiempo, hasta que poco a poco fui recuperándome. De hecho mi poscompetición fue dura. Pasé tres días sin poder moverme bien y con mucho dolor muscular en piernas y coxis. ¿Lo repetiría? Claro que ¡sí!

 

Maria-moroto-Ironman

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